Voltaire, El ingenuo, 1767, fragmento del capítulo final (ejemplo que ilustra el discurso y la subjetividad en la representación de las emociones).
El ingenuo forma parte de los cuentos filosóficos de Voltaire. La historia narrada tiene lugar en el siglo XVII.
El fragmento elegido forma parte del capítulo XX, que es el último de la novela. En esta escena, la joven Saint-Yves se encuentra moribunda, rodeada de sus seres queridos.
El texto ilustra magistralmente cómo el discurso literario puede representar la subjetividad de los personajes y sus estados emocionales, así como las reflexiones del narrador sobre los límites del lenguaje para expresar ciertos sentimientos.
Voltaire, El ingenuo
[A Gordon] lo conmovía el destino de aquella joven, como un padre que ve morir lentamente a su hijo adorado. El abate de Saint-Yves estaba desesperado, el prior y su hermana derramaban torrentes de lágrimas. Pero ¿quién podría pintar el estado de su enamorado? Ninguna lengua tiene expresiones que respondan a ese colmo de dolores; las lenguas son demasiado imperfectas.
La tía, casi sin vida, sostenía la cabeza de la moribunda en sus débiles brazos; su hermano estaba de rodillas a los pies de la cama; su amado apretaba su mano, que bañaba de lágrimas, y estallaba en sollozos; la llamaba su bienhechora, su esperanza, su vida, la mitad de sí mismo, su amante, su esposa. Al oír esta palabra de «esposa», ella suspiró; lo miró con una ternura inefable y de improviso lanzó un grito de horror; luego, en uno de esos intervalos en que el abatimiento y la opresión de los sentidos, con el sufrimiento en suspenso, dejan al alma su libertad y su fuerza, exclamó: «¡Yo vuestra esposa! ¡Ay, amado mío, ese nombre, esa felicidad, ese premio no estaban hechos para mí! Muero y lo merezco. ¡Oh, dios de mi corazón! ¡Oh, vos, a quien he sacrificado a los demonios infernales, dejad de preocuparos, quedo castigada, vivid dichoso!». Estas palabras tiernas y terribles no podían ser comprendidas; pero llevaban a todos los corazones el espanto y el enternecimiento; ella tuvo el valor de explicarse. Cada palabra hizo estremecerse de asombro, de dolor y de piedad a todos los presentes. Todos coincidían en detestar al hombre poderoso que sólo había reparado una horrible injusticia con un crimen, y que había forzado a ser cómplice suyo a la más respetable de las inocencias.
«¿Quién? ¿Vos culpable?, le dijo su amado; no, no lo sois; el crimen sólo puede estar en el corazón, y el vuestro es de la virtud y mío».
Y confirmaba este sentimiento con palabras que parecían devolver la vida a la hermosa Saint-Yves. Ésta se sintió consolada, y se extrañaba de seguir siendo amada todavía. El viejo Gordon la habría condenado en los tiempos en que sólo era jansenista; pero, habiéndose vuelto prudente, la estimaba y lloraba.
[...]
La bella y desventurada Saint-Yves ya sentía acercarse su fin; estaba tranquila, pero con esa tranquilidad horrorosa de la naturaleza exhausta que ya no tiene fuerza para luchar. «¡Oh, amado mío!, dijo con voz desfalleciente, la muerte me castiga por mi debilidad; mas expiro con el consuelo de saberos libre. Os he adorado al traicionaros, y os adoro al daros mi eterno adiós».
No hacía alardes de vana firmeza; no concebía esa miserable gloria de lograr que algunos vecinos dijeran: «Murió llena de ánimo». ¿Quién puede perder a los veinte años a su amado, su vida y eso que llaman la «honra» sin pesar ni desgarros? Sentía todo el horror de su situación, y lo dejaba translucir en esas palabras y miradas moribundas que hablan con tanta elocuencia. En fin, lloraba como los demás en los momentos en que tuvo fuerza para llorar.
¡Que otros traten de alabar las fastuosas muertes de los que entran insensibles en la destrucción!: ése es el destino de todos los animales. Nosotros sólo morimos como ellos, con indiferencia, cuando la edad o la enfermedad nos hacen semejantes suyos por la estupidez de nuestros órganos. Quien sufre una gran pérdida tiene grandes pesares; si los ahoga, es que lleva la vanidad hasta en los brazos de la muerte.
Análisis
Analice el texto que acaba de leer a partir de las nociones estudiadas en el capítulo 1.4